Mostrando entradas con la etiqueta cuelgues. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta cuelgues. Mostrar todas las entradas

sábado, 10 de enero de 2009

Fuera de foco


No soy ninguna de las dos personas que figuran en primer plano, sin embargo esta foto mía me encanta con boca abierta y todo.

martes, 6 de enero de 2009

Desprendimiento

De las actividades que voluntariamente postergo hasta que sea necesariamente urgente, quizás el tema de la limpieza del placard figure en primer lugar.
Realmente admiro a aquellas personas que pueden mantener todo prolijamente acomodado por color, estampado, temporada, etc. Yo tengo diferentes estadíos.
El primero podría ser cuando me siento (y me paro, y me siento y así...) a ordenar. Elaboro estrategias de guardado y selecciono prendas en base a función, por ejemplo: ropa de cama, camisetas mangas largas de salir/ para todo andar, musculosas (idem anterior), remeras (ibidem), shorts, pulóveres y sacos (de media estación o invierno), etc. Lo mismo con la ropa interior: conjuntos, corpiños, bombachas y medias, todo así separado por fracción. Cuando termino eso soy Dios del placard, dejo las puertas abiertas para apreciar semejante obra.
El segundo comienza después de la primer tanda de ropa planchada a ingresar en el sistema. Por lo general, ya me olvidé qué pila correspondía a cada cosa pero igualmente pongo voluntad para fijarme. Esto durará con suerte un mes o dos.
Finalmente llega el libre albedrío de las prendas, en el que ellas elijen dónde quieren estar, y yo sólo soy el conductor (no me cambié de género, sólo me suena extraño meter "la conductora") de la cama al placard.
Si pasa mucho tiempo de la fase final, entonces ahí se complica más porque puedo encontrarme con ropas que me olvidé que tenía, o que directamente ni uso.

El fin de semana pasado me sometí a la prueba del orden porque estaba viendo qué cosas me faltan para llevarme a las vacaciones. No sólo perdí 4 horas de mi valioso tiempo, sino que además saqué 4 bolsas de consorcio para regalar.
Es increíblemente curioso cómo uno acumula cosas. Algunas heredadas de mi hermana (ropas que como mínimo tendrán 6 años), una parte de esas cosas que te comprás y después no te gustan cómo te quedan, lo mismo que alguna ropita que te regalan y te dá pena regalar sin uso.
La lógica que adopté fue que si esas ropas no las usé el año pasado, es porque no las voy a usar más, y seguramente a alguien le vengan mejor. Si a fin de cuentas, siempre termino usando lo mismo hasta que se agujerea.

sábado, 24 de mayo de 2008

Confessions on a dance floor

Hablar con gente que no conozco muy bien por lo general suele ser una actividad generadora de cosas nuevas. Es cierto que no se puede hacer una generalización, ni que me interese lo que cualquiera tenga para decir ni mucho menos. No hablo tampoco de hombres o provocadores de otro tipo de interés, al menos no en esta instancia.
Hablo ni más ni menos de aquellas curiosidades que un x descubre de nosotros y nos deja pensando. Tal vez sea un comentario al pasar, algo que nosotros sabemos y creemos que nadie nota. De las sutilezas y el llegar bien a fondo de nuestra esencia. Dejar todo a un lado y darse cuenta que al final del día nos interesan las mismas cosas que el día anterior, y que muchas veces la felicidad no viene acompañada de la inteligencia sino de las cosas más absurdas.
Porque somos calculadores y vulgares, pero me centran y hacen caer quienes pueden sacar lo mejor de mi.

martes, 25 de marzo de 2008

Concordia- y no de Entre Ríos-

Los ejemplos de la historia dejan testimonio de lo destructiva que puede ser la acción política cuando las fuerzas que la impulsan terminan estando en contra de aquello que las motiva: la vida en común, el bien común. Al menos esa es la política que yo defiendo, aquella que muchos profesores se ocuparon de incentivar en mi persona. También pecaría de ingenua si creyera que ese es su único fin, y ahí es cuando aparece Maquiavello que te pone frente a las miserias humanas- más allá de la famosa cita que en su obra no es particularmente lo más destacable ni una perfecta síntesis de lo que quiso decir.
Cuando te metés en la teoría política y en el mundo de las ideas en general, te das cuenta que cuesta mucho aceptar que los propios argumentos son endebles. Entonces te armás el discurso: o sos democrático o sos totalitario, sos rojo o blanco. Sos castrista o pro-yanqui. La mayoría de las veces tenemos la falsa creencia que nuestra postura es la más acertada, y cuanta más gente nos dice que tenemos razón, más cerca pensamos que somos poseedores de la "verdad".
Eso genera confusión. Muchas veces te encontrás encerrado en una tela de araña porque justamente todos los paradigmas tienen fallas- de ahí que todavía nadie supo proponer un modelo de sociedad o de Estado que fuera exitoso a todo nivel. Aceptar eso ya es un paso muy grande, ya que implícitamente indica que una visión ciega y única es insuficiente.
Frente a esto hay dos opciones posibles: una es seguir cegado, lo cual no induce ningún cambio de aquellas fallas. La otra es empezar a interiorizarse sobre otras "verdades" y así generar un collage más rico en contenido y en propuestas. Para mi algo de eso tiene la tolerancia: aceptar que nunca hay una sola verdad, y que fundamentalmente la opinión de los demás es igual de importante a la nuestra. Quizás se trate solamente de relativizar un poco todo lo que se dice, que ante una discrepancia no dejamos de tener credibilidad.
Muchas veces cuesta hacer ese ejercicio, aún cuando nos jactamos de ser absolutamente democráticos. Cuando esperamos de nuestros dirigentes algo que nosotros mismos ni sabemos qué es o cómo lograrlo- Una deuda pendiente para nosotros, argentinos.